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Parenting, reglas y manejo de autoridad en el hogar, consecuencias, hacer que los hijos obedezcan.

By: Maria Baez


Unas semanas atrás hablaba con una persona cercana y ella me preguntaba por qué su hijo no le obedecía y hacia rabietas para que le dieran lo que quería. Me informó que en la guardería que asiste se habían quejado de dicha conducta. Le pregunté si él hacía lo mismo en la casa. La respuesta de ella es fácil de adivinar “SI”.


La realidad es que los niños suelen ser un reflejo de lo que sucede con los adultos, ellos nos imitan y se comportan afuera como lo hacen en el hogar. Aunque se debe tener en cuenta que toda regla tiene excepciones. He conocido unos pocos niños que se comportan como ángeles fuera del hogar, aunque los padres opinen lo contrario acerca de ellos.


En mi trabajo con niños y familias he podido notar que los padres llevan los hijos donde un profesional de la conducta para que los cambien por hijos obedientes, educados y que “escuchan”. El problema en todo esto es que los padres quieren que les cambien sus hijos, pero sin cambiar ellos. Lamentablemente, quienes tienen que cambiar son los padres. Es posible cambiar un hijo o hija solamente trabajando con los padres y nunca haberlos visto.


En la actualidad, existen muchos casos de diagnósticos de Trastorno de Hiperactividad y Déficit de Atención THDA en niños y adolescentes. He podido notar que un gran número de esos diagnósticos no son reales ya que el problema es falta de disciplina, reglas y una figura de autoridad adecuada.

A continuación, daré algunas recomendaciones para mejorar la conducta de los hijos. Tenga en mente que, si usted no cambia la manera de comportarse con relación a sus hijos, ellos tampoco lo harán. Puede que cuando inicie el proceso de cambio alguno de sus hijos se ponga más rebelde. Si eso sucede, no se preocupe, solamente está midiendo fuerzas y usted debe demostrarle que es más fuerte. Si muestra señales de debilidad, su hijo intensificará la agresividad hacia usted hasta que ceda.


1- Nunca les diga a sus hijos que no puede con ellos. Cuando se le dice a un hijo “me tienes cansado”, “ya no puedo contigo”, lo estas empoderando. Cuando esto sucede, los hijos intensifican la conducta inadecuada para que los padres puedan menos y salirse con las suyas. Dele a entender que empeorar significa una intensificación del castigo o consecuencia.


Por ejemplo; algunos padres les dicen: “conmigo no te equivoques”, “si el castigo era tres días, entonces será una semana”. Aunque se esté cayendo muerto de la impotencia, no le demuestre miedo, su impotencia o deseos de tirar la toalla. Usted debe mostrar fortaleza.


2- Hable poco. Los padres que hablan mucho son los que menos les obedecen. Precisamente porque hablan mucho les hacen hablar más. Ya los hijos hasta el discurso le conocen y siguen haciendo lo mismo porque saben que no habrá consecuencias. Generalmente las madres son las que más hablan y por eso les obedecen menos.

Si un niño debe hacer sus tareas y está viendo televisión, su madre le dice que haga las tareas, él sigue mirando su programa, la madre repite lo mismo cinco veces y el niño sin reacción. A los 30 minutos de la madre repetir lo mismo está bastante molesta y amenaza con golpear al hijo si no hace la tarea y él sabe que la madre no hará nada. La madre se sigue acalorando por la desobediencia de su hijo y le dice “si no te paras de ahí te voy apagar la televisión”, todo sigue igual y dice “tú vas a ver”. Ella repite el mismo discurso por 30 minutos más y el hijo sin ver consecuencias lleva una hora viendo su programa.


La manera correcta es de decirle una vez que se levante y haga la tarea, la segunda vez amenaza con una consecuencia y la tercera vez se actúa. En el ejemplo una consecuencia puede ser apagar la televisión, quedarse sin TV el resto del día, o cualquier otra consecuencia que crea necesaria. Cuando amenaza con una consecuencia, debe dar la consecuencia y no hablar la próxima vez.


3- Cumpla lo que promete. Si usted promete una recompensa o una consecuencia, cúmplala. Por tal motivo debemos de tener cuidado con lo que prometemos. Si es una recompensa, que sea dentro de sus posibilidades y de acuerdo a lo que se ha logrado. Si es una consecuencia, asegúrese que sea la adecuada para la conducta que se quiere corregir y que sea justa.


Muchas veces los padres pierden credibilidad con sus hijos porque no cumplen lo que dicen, tanto en las consecuencias como en las recompensas. Si dice que la próxima vez habrá una consecuencia, dele la consecuencia y no hable más. Los niños pequeños son capaces de entender dependiendo de su madurez y la situación, aun cuando creemos que muchas veces no entienden. Si no entienden, al ver lo sucedido ya van aprendiendo.


4- No todo se puede recompensar. Los jóvenes de hoy en día creen que la vida debe darle o recompensarle por todo, aun sea su responsabilidad. Los padres recompensan los hijos por nada, estudiar, ayudar en la casa, portarse bien, etc. Todas esas son responsabilidades de los hijos, no extras y por tal motivo no amerita recompensa.

Cuando los hijos crezcan, sus jefes no les darán días de vacaciones extra, aumento de salario u otro premio por hacer bien su trabajo. Además, es una manera de hacer los hijos responsables y entender que en la vida hay que hacer cosas porque es lo correcto o lo que le corresponde. El beneficio de estudiar será de ellos y el de ayudar en casa aprender a ser responsables. Si algún niño tiene ciertas condiciones que le dificultan por ejemplo estudiar y obtener buenas calificaciones se puede premiar en un periodo de tiempo por su esfuerzo.


Recuerdo hace unos 15 años atrás que vi un caso de una niña con problemas de conducta. Le dije a la madre que si la niña se portaba bien le diera una recompensa. La madre se quejó porque se comportó bien por una semana y luego estaba igual. Le pregunté acerca de la recompensa y me dijo que le regaló un vestido. En ese momento mi respuesta fue; ¿Qué? ¿Un vestido? Ese es un premio para casi seis meses de buena conducta. Una semana de buen comportamiento amerita un helado como mucho.


Otras recompensas que se podrían dar son horas extras de televisión, cocinar una comida favorita, dejarle jugar una hora más con su amigo, entre otras cosas que no ameritan dinero y son del agrado de los niños.


5- Se deben establecer reglas claras y cambiarlas con el tiempo. Muchas veces los padres dicen que los hijos no obedecen las reglas y tiran la toalla sin intentar. Cuando las reglas son implícitas, cada uno las interpreta a su manera y conveniencia. Por ejemplo, si una de las reglas es llegar temprano, se debe especificar la hora y quienes deben llegar a tal hora en caso de variar por cuestiones de edad.

Si otra regla es ayudar en la casa, se debe colocar el horario de asignaciones de cada uno como lavar platos, limpiar el baño, barrer el patio, sacar la basura, entre otras cosas. Las consecuencias también deben ser claras y se pueden especificar si los hijos no cumplen con sus responsabilidades. Así ellos están conscientes de lo que sucederá si no cumplen.


Con el tiempo, los hijos crecen y la familia cambia, por tal motivo las reglas también deben cambiar. No se puede pretender que las reglas de un niño de 3 años sean las mismas cuando tiene 5 años, ni de 15 si tiene 10 años. Mientras más crecen los hijos, las exigencias son mayores.


6- No desautorice a su cónyugue, aunque no tenga la razón. Muchas veces uno de los padres es el consentidor o apoyador, pero esa persona suele ser al mismo tiempo la que menos obedecen. Quien consciente generalmente es el padre que rompe las reglas, se queja cuando el otro intenta poner el orden y suele hacerlo delante de los hijos. Como consecuencia a todo esto, los hijos aprenden que ese padre no se respeta y tampoco respetan al consentidor porque no se da a respetar.

Si uno de los padres es muy autoritario o está haciendo algo inadecuado, el deber de su pareja es hablarle a parte, donde los hijos no tengan participación y decirle que no está de acuerdo con lo sucedido por tal o cual motivo. De esta manera, se le da la oportunidad de cambiar y al mismo tiempo, los hijos mantienen la autoridad y el respeto.


7- No convierta sus hijos en sordos si tienen oídos sanos. Es muy común que los padres digan que sus hijos “no escuchan”. En lo personal, he aprendido que los que no escuchan son sordos y si le hago una pregunta a eso niños, ellos me responden. En conclusión, no son sordos, los quieren hacer sordos.


Por coincidencia, los padres que mas hijos sordos tienen son los que hablan mucho. ¿Por qué será? Porque esos padres saben manejar su autoridad y los hijos saben que si “no escuchan” tendrán una consecuencia. El panorama ante esta situación es que los padres dicen que no escuchan porque les hablan y no les hacen caso. Los hijos no hacen caso porque si no escuchan hay que hacerse el sordo. Cuando se hacen los sordos, siguen haciendo lo que ellos quieren sin obedecer.

8- No asuma entendimiento de sus hijos o creer que usaran la lógica como usted. Los niños tienen una manera literal de entender las cosas. La lógica de ellos es diferente a la del adulto y por tal motivo a veces son castigados injustamente.


Yo recuerdo que cuando tenia unos cinco años un tío me dio un dinero y me dijo que lo partiera con mi hermana. El no me dijo compartir, recuerdo todavía que me dijo “partir”. Yo tenia el dinero en la mano, lo medí muy bien para que quedaran dos mitades perfectas. Supongo que ya saben lo sucedido, yo rompí la papeleta en dos mitades. Mi madre, al ver lo sucedido me llamó a la atención y le dije lo que el tío había dicho, ella se dio cuenta que fue un mal entendido, me explicó lo que quiso decir y pegó la papeleta con cinta transparente.


Una forma de asegurar que sus hijos los entienden es haciendo una retroalimentación. Por ejemplo, usted le da unas instrucciones y le dice que le repita lo que debe hacer. Así usted puede darse cuenta si no transmitió el mensaje adecuadamente, o no entendieron lo que usted dijo.

Espero que estas recomendaciones le ayuden con el manejo de los hijos. Si tienen alguna pregunta o recomendación, no olviden dejar sus comentarios y compartir.

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